lunes 6 de diciembre de 2010

La sociedad del conocimiento y los valores


Fuente: Ecos de la Costa
URL: http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&id=92642&encabezado=La%20sociedad%20del%20conocimiento%20y%20los%20valores
País de la fuente: México
Autor: Guillermo Montelón Nava
Fecha: 06 de diciembre de 2010

Las nuevas circunstancias que vivimos como sociedad, derivadas del impacto provocado por las nuevas tecnologías de la información, al generarse el fenómeno de masificar la comunicación, incluye una serie de aristas que sería muy oportuno analizar, pues si bien, como ya lo habíamos comentado en otra aportación, los avances en materia de TIC representan enormes beneficios y ventajas, tanto en lo social como en lo económico e individual, también lo es que hay otros aspectos muy preocupantes.

En este asunto, lo primero que debemos reconocer es que la masa popular no estaba preparada para utilizar adecuadamente estas nuevas tecnologías; como sociedad simplemente de pronto nos vimos deslumbrados y sorprendidos por todo lo que las computadoras, el Internet, la multimedia, web, los celulares y toda esa amplia gama de equipos y tecnologías pueden hacer y no tuvimos tiempo de valorar la contraparte, pues para colmo, la mercadotecnia y los propósitos mercantilistas de los grandes corporativos dedicados al desarrollo de esas tecnologías, sólo pensaron en el negocio y en las ganancias económicas.

Y como es natural, los primeros en la lista de las empresas del ramo fueron los niños y los jóvenes. Fueron ellos los que sirvieron de ariete para que los padres de familia cayeran en la fiebre consumista, atraídos además por lo novedoso de los aparatos, las amplias posibilidades de entretenimiento y también por la propia curiosidad de la generación que comenzó a formar parte de la sociedad del conocimiento, en medio del analfabetismo cibernético.

Muy pronto se descubrió que el intercambio de información, de fotografías, de datos personales, de archivos, la invasión de la intimidad y otros aspectos relacionados con los derechos de las personas, permitían una nueva forma de vida social, pero al no estar preparados en la cultura de los valores éticos y morales, encontraron que podía ser algo natural, común y socialmente válido abusar del recurso tecnológico, de tal manera que lo que inicialmente parecía inocuo e inofensivo, pronto se convirtió en riesgoso, incluso para la salud, ya no digamos para la unidad y la armonía familiar.

Así, pronto la pornografía estuvo al alcance de un clic, la posibilidad de que cualquier niño cayera víctima de la pedofilia o que los datos personales y las fotografías pudieran ser usados con fines delictivos, se volvieron algo de todos los días y luego vino el poder crear las redes sociales y los mal llamados “grupos de amigos”, que si bien de repente han servido para fines loables, social y políticamente importantes, en gran medida se han quedado en lo banal, superfluo e intrascendente.

Cierto que ahora, efectivamente hay todo lo necesario para que podamos comenzar a ser la sociedad del conocimiento, pero no estamos plenamente preparados para aprovechar las ventajas del uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, sencillamente porque, para el grueso de la población, todo lo que está en Internet es válido y cierto, de tal manera que el discernimiento y la capacidad de análisis quedan rezagados, máxime que al masificarse la información, la comunicación verdaderamente humana, de persona a persona, cada vez enfrenta mayores obstáculos e interferencias.

Las consecuencias de ese fenómeno, cuyos efectos nocivos aún no descubrimos cabalmente, ya han generado algunas medidas jurídicas para proteger la identidad y los datos personales, pero será necesarios que los especialistas, los académicos, los educadores, las autoridades, pero sobre todo los padres de familia, profundicen en todo lo que representa el desarrollo de las nuevas tecnologías, pues si bien sus beneficios económicos están fuera de toda discusión, también se debe considerar lo ético, lo moral, lo social, la sustentabilidad, a fin de que, por ejemplo en materia educativa, se precisen mecanismos que posibiliten su máximo aprovechamiento didáctico y de apoyo, pero no para mal educar a niños y jóvenes al impedirles su formación crítica, analítica de verdadera libertad y autonomía. Baste recordar que el sedentarismo y sus consecuencias, son sólo una consecuencia del mal uso de las TIC.

    guillot77@hotmail.com

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante articulo, estoy de acuerdo contigo aunque no al 100%:)

Anónimo dijo...

Gracias por la gran información! Yo no habría descubierto esto de otra manera!